Con deseo de romper la rutina y la agitación mental que era concebida en mis labores diarias, partimos hacia un lugar desconocido.
Tras un viaje de humo en soledad, con la discrepancia de que mis compañeros no compartían aficiones insanas, llegamos a los pirineos, un lugar insólito donde los haya y rodeado de un entorno natural, virgen y alejado del caos de la urbe.
Acto seguido procedimos a conocer la magia de una religión totalmente diferente a las que había conocido hasta al momento.
Mantra tras mantra comencé a viajar hacia lo mas profundo de mi ser, conduciéndome con el sonido de los tambores y los platillos a un éxtasis del subconsciente, en el cual solo se concebían pensamientos internos sin la contaminación de los percibidos.
El albergue era místico, comida vegetariana y literas donde todas nuestras almas compartían la paz y serenidad producida tras aquellos cánticos dirigidos a la Budishawa Tara Verde.
No se permitía fumar en toda aquela montaña, pero mi ansia por contaminar lo limpiado me hizo encontrar un enorme jabalí encerrado en la profunda oscuridad de la noche.
Repetimos la experiencia de comenzar antes que el día atravesando la montaña para sentir la magía de los mantras, acompañado de senderismo, y conversación.
Si algún día decidiera que la presión agota mi ser, conocería mas a fondo el sentido del retiro para encontrar la paz espiritual y el alcance del control total de los pensamientos a través de un viaje hacia mi interior.